Con permiso, buenos días

Me duele todo y no se decir donde me duele. No se que me duele más, el dolor en si o no saber donde esta. Abro los ojos, por enésima vez esta noche, el techo sigue siendo el mismo aunque hace días que no lo siento como mío. Miró la hora del móvil, no es hora de levantarse pero ya vale, seguro que a Mala no le importara pasear ahora. Es un nervio pero ese nervio es todo amor.

Me pongo esto y aquello, todo cómodo, y nos vamos para la calle.  Alguna chuche para Mala y su babeada pelota. Tras un millón de tirones llegamos al parque. Mala solo quiere correr sin control. Todo el parque es un recuerdo. Aquel banco, los cinco chopos, el otro banco... que se yo.  Pienso que puede aparecer en cualquier momento. Pero no. No le dejarán, no podra, no se acordará de mi, no es hora.

El mundo no cambia. Mala no cambia. Corre sin control, este él o no. Corre sin control, ¿me duela todo o me duela el alma? Corre  sin control haya otros perros o no. Para Mala no existe el espacio-tiempo. 

He visto la sombra de alguien que se acerca. ¿Será él? No, por supuesto. Él esta en otro planeta. Convertir todo lo que te rodea en un recuerdo también duele. Y esta vez el dolor sí esta localizado. 

No ver y no tocar nos hace creer que el olvido va paliando el dolor, pero no es así. Todo lo que se ha sembrado en lo profundo de tu alma estará ahí para siempre. Solo necesitamos un pequeña chispa para que todo salte por los aires. 

El hoy nunca es como el ayer. El espacio-tiempo ha cambiado. Estoy donde ya estuve pero el espacio no lo ocupan los mismos cuerpos. Mala esta, corriendo salvajemente pero el no está abrazándome.


Miro hacia arriba, hay luna llena. Me gustaría eternizar este instante. Este momento me sabe a él, este instante es él.




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