Suerte
Me sentaba todos los días en el mismo banco. La elección del parque no fue al azar, el destino me llevo hasta él. La veía llegar todos los días del mismo modo. Su pasos contoneado sus caderas. La ropa ancha y cómoda, quería disimular sus forma pero era imposible. El cuerpo de una diosa no se puede ocultar.
Se agachaba a liberar a su acompañante, un vivaz perro de raza indeterminada. Su ademán al levantarse animaba al can a lanzarse a corren entre chopos y plataneros. Sus pasos continuaban siendo hipnóticos. Esas caderas guardaban tanto poder que era imposible contener mi mirada y no seguirlas y perderme en ellas fantasaeando cualquier locura. Lo habia hecho tantas veces y aun así lo disfrutaba como la primera vez.
Esperaba expectante el comienzo del ritual. Rebuscaba en su bolso una pelotita que lanzaba armoniosamente a su compañero de paseo. Al tercer o cuarto lanzamiento del mismo bolso sacaba un cigarrillo y lo encendía. El mismo gesto con el que guardaba en el bolso el paquete le servia para recoger el movil. Lo miraba y sonreía. Esta vez su cuerpo parecia extremecerse al volver a mirar su movil.
De quién sería ese mensaje que hacia que una Diosa se tambalease. Quizás fuese de algún futuro invitado a la velada. Ya sabía la respuesta pero había que esperar a ver que ocurría esta vez.
De cualquier modo yo seguía disfrutando de mi momento. Ahora ella miraba hacía arriba, hoy había habido suerte, teníamos Luna llena. Ese día brillaba con más fuerza, latía a cada destello. Su mirada se quedo fija durante un momento en el astro. Era como si tirase de ella hacia arriba. Incluso me parecio que se ponía de puntillas. El poder de la Luna es inegable, si mueve mareas que será capaz de hacer con nosotros.
Otra vez el movil le traía a la realidad. Esta vez no sonrio tanto. Se acaricio la nuca con la mano que le quedaba libre y luego se toco pelo y peino con brio su flequillo. Aunque lleva el pelo corto ese flequillo le daba un aire sensual y elegante. A saber que mil misterios se ocultaban tras de él. Yo los desconocía pero a la vez los imaginaba tambien todos.
Continuo andando hasta colocarse en lugar aparentemente no muy concreto del parque pero que parecía ser una ubicación especial. Volvio a mirar hacia la Luna. Esta vez parecia que se estaba cargando de energia y que estaba absorbiendo para si toda la fuerza que la Luna parecía irradiar.
En dirección opuesta a mi posición en el parque aparecio alguien. Era el posible invitado que os decia antes. Con aire entre nervioso y ansioso surgio un tipo con un andar algo saltarín, probablemente porque venía andando rápido. Su camino iba directo hasta donde ella se encontraba. Al percibir su presencia y cruzarse sus miradas, él ralentizo el paso como quieriendo disfrutar del momento de acercarse hasta ella. Era algo más alto que ella, así que al llegar a su altura y acercarse sus cuerpos él inclino su cabeza y ella alzo la suya. Se besaron como yo había visto centenar de veces en ese parque. No solo había pasión tambien había amor. Despúes él la tomó por los hombros para continuar con el beso y a continuación terminó una tierno abrazo. Un abrazo que parecía dar para protegarla aun que más bien parecía otra cosa. Daba la sensación de que la proteción la buscaba él.
Yo ya no podía soportalo, el momento de mi marcha había llegado. No podía soportar ver como ese macarra la besaba. Que suerte tenía el canalla de poder disfrutar de los favores de esta Diosa.
Sabía como seguiría esta historia. Con las innumerables veces que la había visto ya tenía suficiente. Retiré la mirada y por mi mente se clavo una idea que me hizo pensar. Qué había hecho aquel tipo para merecer aquella suerte. ¿Cómo era posible? No parecía digno de ella. ¡Joder! Era un tío con suerte y lo más probable es que ni lo supiera. Seguro que pensaba que todo se debía a sus encantos y que esa Diosa había caido a sus pies irremediablemente, pobre iluso. Disfrutaba seguramente sin saberlo de alguien que no merecía.
Lo cierto es que además de envidiarlo, casi hasta el odio, también lo admiraba. Sólo tenía una duda, ¿cuanto tiempo puede retener alguien en su mano cerrada un puñado de arena del desierto? Sabe que cuando la habra solo quedarán algún grano, recuerdos, en la palma de su mano. Pero lo admiraba porque solo puede recordar quien lo vive y él lo estaba haciendo.
Me marcho y dejo a mi espalda una Diosa y un mortal con la mayor suerte que he conocido.

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