Recuerdo

No siempre se puede tener lo que quieres. Alguna vez se puedes tener lo que se desea y otros momentos hay que cerrar los ojos y  apretando los puños recordar un  momento extraordinario vivido.

No era la primera vez que al levantar la mirada y ver la luna llena, una sonrisa se dibujaba en su rostro. La sola observación del astro hacia brotar en su mente un sinfin de recuerdos que hacia inevitable esa también pícara sonrisa.

Es una pena que todo, o al menos ciertas cosas, no sean tan seguras como una luna llena. Cada veintiocho noches está vuelve a su festiva, luminosa  y desvocada cita con el firmamento.

Innurables imagenes pasan sin control por su mente. Finalmente detuvo el carrusel de recuerdos en uno muy concreto. Lo recordaba con nitidez pero dudo un momento si había sido real o no. Le pareció tan genial que parecía demasiado bueno. Aun así era tan detallado como fluia en su mente que daba igual que fuera cierto o no. Le pertenecía y desfrutaba, como muchas otras veces, con todos los detalles de aquella historia.

Comenzaba como muchas otras veces con un deseo incontrolable de querer abrazarla. Sin motivo alguno y guiado solamente por su intuición y confiando en que el universo le llevará hasta ella, se puso en marcha hasta uno de los lugares que sabía que ella podría frecuentar. El horario y la compañia eran una buena pista. Aquella noche los dioses fueron benévolos e hicieron que el primer lugar a donde llegó, fuese el punto exacto donde ella estaba. Muchas otras veces, le había sido esquiva y había vagado por diferentes sitios y no la había encontrado. Las luces y las profundas sombra de aquel parque de noche, regalaba una atmósfera espectacular.  Su silueta era infundible. Quiso ser cuidadoso al acercarse. No queria asustarla, estaba de espaldas a él y queria evitar sobresaltarla. Cuando estaba a un par de metros solto un "hola". Lo hizo de un modo algo teatral y con un tono más grabe de lo que solia ser su voz. Queria ser algo así como un regalo sorpresa. Al oirla ella se volvio y antes de responde a aquel profundo saludo, una sonrisa enorme y franca inundó su rostro. Sonrió con la boca pero también con los ojos en los que se podía ver un destello. Su piel tersa y limpia de maquillaje disputaba en belleza a la luna llena que era testigo de este encuentro. Tardo unos segundos en contestar como para regalar, en este caso ella a él, esa mueca de felicidad que era ahora su rostro. Aguantaron sus miradas un segundo pero a ambos les parecio una eternidad. Hasta la luna sintió que se segundo era demasiado largo. Después ambos dieron un paso adelante para reunirse en territorio neutral donde sus labios y sus cuerpos se encontraron. 

El resto es otra historia que quizas en la próxima luna llena se detenga a rememorar. Por suerte las lunas llenas son cada veintiocho noches.


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