Mío

La última rosa que rozo mis labios no tenía pétalos, todo eran puñales. Sus espinas hacían sangrar mis labios. Ya no soy un altavoz solo me escucha mi espejo. Me duele verme. Me duele olerme. Pero más me duele dejar de ser. Quería un abrazo pero no de sangre. Quiero un abrazo de lluvia. Lluvia de besos sin sexo. 

Sólo quiero ser locura como si tuviera veinte años. Ya duplico esos años, pero no duplico ni sabiduría ni vida, se me escapo entre los dedos como solo se escapa lo que no es tuyo. Lo que es prestado te roza, pero no te toca. Me prestaron tus labios, tus caderas. Cogí prestados tus pechos y tu sexo. Pedí licencia para memorizar tu cuerpo, tus tatuajes, que ya son míos. Lo siento, pero nada de esto te lo voy a devolver. Me lo quedo todo para mí. Me los gastaré en mi último suspiro. 

Me dolerá no ser siempre, pero nadie me robará ser siempre yo. Solo yo sabré que todo eso fue mío. El tiempo no borrará todo lo que he vivido. Todo se convertirá en polvo de estrellas copulando hasta el infinito. No duele no verte, no duele no tocarte, no duele no olerte, no duele no oírte. Lo que duele es no poder decirte al odio que me muero por verte, por tocarte, por olerte y por oírte. 

Es que me muero por ti.



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